Thursday, June 16, 2005

Llego a la oficina...

"Hola", murmura esquivo mi supervisor, y tiene una oreja peluda. Caminando por el pasillo hacia el fondo de la oficina, ya escucho un aullido y dos o tres gruñidos. Mientras, alguien barrita en el salón de conferencias.
Las lianas, que son los cables de todos los teléfonos, se convierten en culebras y se me enredan entre los dedos. Suena el teléfono. Grazna una señora. La contengo; le prometo que todo se va a solucionar. Vuelve a sonar. Ladra un hombre con voz de perro caniche. Ignoro su ridícula ira porque estoy mirando fijamente la puerta cerrada de la gerencia. La lustrosa madera tiembla. Se adivinan patas por debajo de la puerta. La selva se queda en silencio...Los teléfonos enmudecen... Cesan los tambores...
Sale la gerenta. Sus nudillos rozan el piso alfombrado y el negro pelaje opaco no brilla bajo los tubos de neón. Con una expresión ambigua mira hacia todos lados, mientras su enorme mano cierra la minúscula cartera de cocodrilo que cuelga de su brazo.
Yo observo todo esto y pienso qué locura; acto seguido se me hiela la sangre en las venas al ver lo largas y filosas que tengo las uñas...


2 comments:

You know who said...

Get a life blogger!

tia-bei said...

Thank you TSR!