Tuesday, June 21, 2005

- - ¿Quién lo diría? - -

La sopa mexicana me tortura. Me mira con ojitos de morrón. Se me ríe en la cara con minúsculos dientitos de ajo, toda roja de pimienta y pecosa de perejil. No deja de observarme, ya despiadada, ya desquiciada. Intento ignorarla mirando hacia otro lado, pero adivino todos sus ojos dentro de la taza y corro como una loca por los pasillos de la oficina. Me miran al pasar como a la demente que se que parezco. Ellos no pueden ver la verdad. No pueden porque la sopa sabe disimular muy bien. Aparenta ser sólo agua y vegetales ante los demás, pero yo se que quiere matarme.
Por eso salgo del edificio y, aunque llueva y haga tanto frío, cruzo la calle corriendo y sin mirar.

(Continuará...)


1 comments:

Pequeño saltamonte (a.k.a. Iman Decarne) said...

En los avisos de la calle de estas sopas ya se ve los efectos alucinógenos que tienen... Y ni te cuento si le ponés queso rallado marca Coto!